-Mi rey.-Mire a el hombre que era capaz de embaucar a cualquier dama con la mirada, y sonreí mostrando las puntas de mis colmillos.
Entonces me saco a bailar al centro del salón donde los violines sonaron dando pie oficialmente a la fiesta. Mientras bailaba sus ojos reproducían su antigua vida, donde se solían celebrar este tipo de fiestas, Erdély era un caballero aunque de vez en cuando era demasiado vulgar. En 1736 cuando le conocí, tras salvarlo de una fría ejecución al descubrir su falsa corona, decidí que fuera mi acompañante sentimental. Pasado un siglo, me canse de que su cariño hubiese desaparecido tras convertirlo, y decidí ir tras una hermana o doncella, Giselle era en su tiempo, la mujer más deseada en toda Rusia, o casi decir, de medio mundo, ya que una antiguo Burlesque gano la fama debido a las actuaciones de dicha mujer y llegaban hombres de todo los países donde llegaba su nombre, aquello hacia que tras salir de aquel lugar, pudiese probar la sangre de otras ciudades o pueblos, otorgándome un gran banquete tanto a mí como a Erdély.
No me di cuenta de que a nuestro alrededor se había formado un círculo, y tan solo nosotros bailábamos. Mire a Erdély, quien me miraba alertado, tras acabar la canción, me dio un largo beso notando su lengua en mis colmillos.
En ese momento fue cuando comprendí su mirada, el recordad el manjar de mis años, había cautivado mi sed haciendo crecerlos más de lo debido. Ambos dimos una corta reverencia a los invitados, y dando la escusa de tener problemas con algunos invitados extraviados por el camino conseguimos salir del círculo. Al intentar esquivar ha algunas personas choque con un hombre que quizá me sacaba media cabeza, al mirarle para poder recibir la disculpa, el mayor trueno caído sobre la tierra quemo mi interior.
-Disculpe-Inclino la cabeza y sonrió.
Erdély me dio un pequeño empujón de la mano al comienzo de las escaleras para que me diera prisa, subimos a la habitación de Giselle ya que quedaba más a mano tras subir las escaleras.
Entré maldiciéndome una y otra vez, aunque no dije palabra alguna. Sin en cambio Erdély se había quitado la máscara tirándola al suelo y arrancando casi la mía mordió mi labio inferior con ansia. En ese momento creí sentir explotar una bomba nuclear en mi piel, lo acerque a mí con ambas manos en sus mejillas y compartí con el aquel extraño beso. Tuve que separarlo al notar que desabrochaba mi corsé, me miro con el labio humedecido por la sangre de mi labio.
-No he pedido tu cuerpo, y no he consentido ningún beso vuestro.- Até nuevamente mi corsé.
Recogí la máscara del suelo, y salí de la habitación. Desde el pasamanos observe a toda aquella gente, había matado a varias personas antes de la fiesta, pero sentía que no tenía suficiente y aquello provoco que sintiera sed innecesaria.
-¿Qué sucede?
Mire a Giselle, estaba a mi lado cruzada de brazos mirándome.
-Nada.-La mire-¿Has elegido ya?
-Por supuesto-Miro hacia una esquina. -En aquel pequeño círculo, el hombre con una masca de plumas azules. Podría ser un rey fácilmente, media Hungría es suya.-Alzo la mano saludando y sonriendo con cara de niña.
La verdad no esperaba menos, necesitaríamos pronto otro país donde podernos quedar otra temporada y Hungría aun no había recibido nuestra visita.
-Envuelto de la alta aristocracia, me gusta. Sigue así. -Giselle estaba a punto de irse- ¿Giselle, has visto a Anna?
-Ha salido al jardín, me ha dicho que no se encontraba bien y quería tomar el aire.-Bajó rápidamente las escaleras, y en varios pasos ya estaba al lado del hombre agarrada de su brazo.
No me había percatado de que mi compañero estaba hablando ya con un grupo de jóvenes que irradiaba fascinación por él y su identidad.
Logre salir al jardín, pero no había más que una pareja sentada en un banco hablando y riendo, vi tras el banco una botella de vino y deduje su estado.
-Perdonad, ¿Habéis visto a una chica hace poco por aquí?-La chica se giro hacia mí con una sonrisa.
-Acaba de entrar una chica en el laberinto, se la veía un poco aturdida, aunque quizá vaya bebida.
-Como nosotros-Soltó el chico que la beso rápidamente riendo.
Entre en el laberinto sin hacer mucho caso a aquella pareja, busqué el rastro de olor que dejaba la piel de Anna cuando por fin logre localizarlo, encontré en el suelo la cinta que se había puesto en el pelo, era de un color azul celeste que al tener en las manos, todo pareció callarse.
CEB.


Y aquí me quedó yo con la miel en los labios ^^
ResponderEliminarPues na, qué te voy a decir? que me encanta, sobre todo la situación en la que se encuentran los protagonistas, la época y esas cosas *.*
Ahora me explicas qué pasa con Anna xD
tQQQQQQ